Planificar cada una de las sesiones que componen un curso es una tarea que requiere mucha atención. Para ello es necesario tener en cuenta muchos factores. La presente programación así lo ha hecho, teniendo en cuenta todos los detalles posibles de la concreción curricular de nivel estatal, autonómico y de centro.
La puesta en práctica de la programación requiere de flexibilidad ya que es natural que surjan cambios. Estos no suponen un fracaso, sino una adaptación necesaria a las circunstancias del alumnado, la organización del centro o el desarrollo real de las sesiones. Las clases varían según el grupo, el momento y el contexto, lo que representa una oportunidad para conectar el contenido con la realidad del aula. El profesorado debe atender a los intereses generales y particulares del alumnado, gestionando los cambios con criterio e incorporando la improvisación como parte del proceso didáctico.
En definitiva, la programación es un documento vivo y en constante ajuste que guía la práctica docente pero sin limitarla. Su verdadero valor reside, según el enfoque adoptado en la presente programación, en la capacidad que tiene para orientar el proceso de enseñanza y aprendizaje de forma rigurosa y concreta, pero sin olvidar la flexibilidad suficiente para responder a la realidad cambiante del aula, poniendo siempre en el centro al alumnado y su evolución.